Un informe sellado no depende de una sola persona. La firma biométrica vincula el contenido a quien lo escribió, pero entre esa firma y la publicación hay tareas repartidas: capturar el trazo, congelar la versión, calcular el hash en el momento acordado y mantener el registro público consultable. Si alguien asume dos roles a la vez, conviene dejarlo escrito, porque en una revisión externa lo primero que se pregunta es quién hizo qué y cuándo.
Si tu equipo todavía está definiendo estos roles, el punto de partida razonable es revisar cómo se sella un informe de principio a fin y qué comprobaciones conviene hacer antes de reenviarlo. Ver los estándares de sellado o plantear una consulta concreta.
El sello biométrico no reparte tareas por jerarquía, sino por responsabilidad concreta. Estas son las ventajas que aparecen cuando el analista firma, el equipo editorial congela la versión y el registro público queda consultable.
Para ver cómo se reparten estas responsabilidades en un flujo real, conviene revisar primero los criterios de sellado y, si la duda es operativa, plantearla directamente en contacto.